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Generación selfie vs felices para siempre

¿quiero y no puedo?

El otro día leía una descripción de la generación selfie1 que la definía como “una generación que invierte más tiempo en sus perfiles de Tinder que en sus personalidades y que no está dispuesta al coste que tiene una relación”. Y aunque no podría estar más de acuerdo, quiero romper un lanza a favor de esta generación que no se ha hecho tan sí misma como algunos quisieran creer, sino que es más bien el resultado de los productos de su generación predecesora.

Quizá es una generación que no está dispuesta al coste de una relación porque la mayoría ha crecido engañada, muchos de ellos por el cine, la gran factoría de sueños de Hollywood o una herramienta como tantas otras de socializar lo que es y no es una pareja. No nos han enseñado la otra cara del “felices para siempre” o más bien nos han vendido una versión edulcorada para niños pequeños.

Versiones edulcoradas del amor y la felicidad, pero versiones aún más alteradas de lo que quiere decir estar bien con uno mismo. No queremos mirar nuestras sombras, las redes sociales son la muestra, solo mostramos la cara bonita, la que nos pensamos que es la cara bonita. ¿Cómo entonces si no aceptamos nuestros miedos y oscuridades, deberíamos poder aceptar las del otro?

Y lo que me sigue sorprendiendo es que aun poniéndonos en el mejor de los casos y pensar que sí, que estamos dispuestos a pagar el precio, cuando toca lavar los trapos sucios de la relación, nos cogen ganas de hacer de todo menos eso. Es un proceso de desmitificación de la pareja y reconciliación con uno mismo y con el otro.

No quisiera que se me malinterpretase, todo lo de las películas ES posible y real, pero es solo una parte del todo. La felicidad existe porque también existe la tristeza y el dolor, sin costes no hay beneficios. Y el coste, no es no tener pareja versus tenerla o al revés en función de si opina un “single” empedernido o una “cazamaridos”. Al contrario, hay días en que el coste es mantenerla, es emprender un camino hacia el autoconocimiento, la aceptación de las luces y las sombras de uno mismo y del otro.

Ya lo dicen en las bodas religiosas:

“en la salud y en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo…”

aunque me temo que estas palabras no cobran sentido hasta que nos tocan nuestro ego-consentido de la generación-lo-quiero-aquí-y-ahora-y-que-sea-rápido.

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1 Wilkinson, K. We Are the Generation That Doesn’t Want Relationships.

Marina es Coach Ejecutivo ACC, con más de 300h de experiencia, certificado por la International Coach Federation (ICF) y miembro de la misma organización. Formada ....
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