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La enfermedad del “Impossible is nothing” y las redes sociales

El poder de las pequeñas acciones

Muy mal acostumbrados estamos a celebrar aquello que consideramos grande, inmenso, brutal, espectacular e increíble… dejando en la sala de espera todo lo demás. Y es que como vas a celebrar como Dios manda el nuevo itinerario que elegiste para ir al trabajo, si mientras lo transitas, te das cuenta en Instagram que tu amigo Manu está nadando entre ballenas en el Mar del Coral. Cómo vas a valorar como se merece,  que no había cola en el super, o que el señor de la floristería te regaló uno de sus ejemplares, si  ves un anuncio de un tipo corriendo épicamente por una montaña con la frase “Sin Límites”… Pero que límites ni límites.

Dos son los enemigos con los que nos encontramos en este tipo de casos, la habituación y la comparación. El primero nos ayuda a no estar todo el día sorprendidos (como un gato con un laser), pues sería un derroche de energía excesivo. Como contrapartida, si el estímulo se parece a lo largo del tiempo puede llegar el aburrimiento y el vacío emocional. Así pues, unos más que otros buscaremos nuevas acciones y experiencias. El segundo concepto, la comparación, nos ayuda a evolucionar. Evolucionamos en este caso porque somos capaces valorar que es lo qué queremos en relación con los demás, donde se establece un orden de menor, igual o mayor  en algún aspecto. Si todo el tiempo nos comparásemos podríamos caer en el bucle de la insatisfacción continua.

Como seres sociales nos fueron geniales estas dos palabras, y ahora hay que tener cuidado con ellas.  Actualmente parece que hay que hacer cosas distintas (porque nos habituamos rápido), y cuando más y más grandes y heroicas mejor, porque ya hay alguien que lo ha hecho y vemos el supuesto reconocimiento y felicidad que desprende.

Siguiendo la cadena de este sistema macabro y mal montado, parece que el objetivo es conseguir ser feliz (algo que anhela todo el mundo), no parando de hacer cosas distintas y grandilocuentes, que sin lugar a dudas cuestan dinero, y no poco. Bucear con delfines, esquiar fuera pista, ir en moto por la ruta 66, escalar el K2, disfrutar de una suite, comer en el Bulli, dar la vuelta al mundo…y no sigo para no hundir a nadie. No hay que ser un lince para darse cuenta que no es un buen negocio a nivel personal y sí para todas aquellas marcas que ofrecen estos servicios.

Bien, vamos a darle la vuelta, y si en vez de esto, miramos hacia otro sitio, desplazamos el foco de atención, giramos la cabeza, abrimos la conciencia y dejamos que aquellas cosas más pequeñas que suceden a nuestro alrededor, se merezcan la grandiosidad de las “Impossible is Nothing”.

¡Puedes empezar con este vídeo!

 

Soy Psicólogo, Coach y Mediador. Mi objetivo es claro, indagar en lo que eres bueno/a, potenciarlo y conseguir lo que te mereces. | www.coachingrow.com • ....
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